de Eric Lax
Con él repasa todos los pormenores de sus producciones, de sus proyectos futuros (pudiendo comprobar si finalmente llegan a buen puerto) o sobre la valía de algunos de sus filmes (vistos desde la actualidad).
Este juego temporal es lo más interesante de las entrevistas que, por otro lado, no termina de llevar bien Eric Lax, desconcertando con algunas preguntas y dejando escapar otros aspectos más interesantes. Aún así, el libro crece, y lo hace porque lo más interesante es Woody Allen, que se manifiesta abiertamente (sobre todo en el tramo final de su carrera) sobre sus actrices fetiches, sus actores preferidos, sobre los trabajos de producción, de fotografía… pudiendo entrar en ese maravilloso mundo del rodaje cinematográfico.

Lo mejor es ver su evolución. Los miedos del primerizo cuando estaba encadenado a las comedias alocadas, el sufrimiento por el paso a comedias más serias o directamente a dramas sin contemplaciones. Poco a poco fue ganando seguridad en sí mismo y empezó a trabajar libremente, lo que le ha convertido en un genio, porque, como él mismo dice, se lo pasa bien haciendo lo que hace, que podría ser mejor, con más años de preparación, pero en ese punto de su vida hay cosas que no quiere sacrificar: la familia y el partido de los Knicks están primero.







Al principio choca esa sensación, pero luego la serie va imponiendo su propio estilo en esa familia de familias, de tres familias: la pareja homosexual con una niña recién adoptada, la hermana de uno de ellos felizmente casada con el Michael Scott de la serie y, por último, el padre casado con una mujer colombiana más joven que él y con un niño intelectualmente inquieto.













6.- Conoce el universo Mad Men:












La galería de personajes, como siempre, brilla: Larry David como Boris, el eje central, Evan Rachel Wood como su joven novia desamparada (como tantas otras), Patricia Clarkson (la madre de la susodicha, tradicional y conservadora hasta que conoce Boris) y así tantos otros que se dejan llevar.




