Si la cosa funciona (***)
de Woody Allen
Woody Allen regresa a Nueva York, y con ello parece volver a lo habitual de su cinematografía, dejando atrás el thriller (Match Point, El sueño de Cassandra), la comedia desinhibida (Scoop) y el exotismo erótico (Vicky, Cristina, Barcelona).

Vuelven las parejas y sus tribulaciones. Vuelven los paseos por esa Nueva York añorada. Larry David se convierte en un Woody muy pesimista (más aún), pero es de esos filmes de Allen que parten de la premisa pesimista para poco a poco remontar y reconciliarse con el mundo, así que la placidez del relato se ve doblemente agradecida por la placidez encontrada por los personajes.
No será fácil, nada lo es. Vuleve a incidir en la casualidad como motor para el encuentro con lo deseado. Todo lo programado, lo previsto, todo lo que teníamos pensado ser, todo lo que somos se convierte en nada cuando descubrimos algo o a alguien que nos hace ver la vida de otra manera.

Allen vuelve a acertar. Narra como pocos. Esconde lo que otros enseñarían, impone su ritmo fuera de cánones actuales. Ya lo tiene todo ganado, sólo esperando que la cosa funcione, y vaya si lo hace.
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