de Emilio Martínez-Lázaro y Ignacio Martínez de Pisón
Es un sentimiento extraño el que te inunda al finalizar la película. Lo primero es el horror de que algo así se haya producido. El dolor de que ignoremos historias como ésta. Sin embargo, la película no está a la altura que la historia merece. No por lo menos durante todo el metraje. Nada se puede achacar ni a las actrices (soberbias todas, especialmente Verónica Sánchez y Pilar López de Ayala), ni a la dirección, ni a la ambientación. Entonces qué. En mi opinión, el guión.

La narración es algo deslavazada, esboza historias pero no las concluye, describe situaciones pero no las dota de tensión. Todo parece algo artificial. Simplifica la escena que cambia toda le película y dota de importancia a hechos que son secundarios.
Por el contrario, es de agradecer que no caiga en la tentación de ser sensible, de querer provocar la lágrima, de mantener un pulso frío en la narración. Interesante película, cruel historia. Una más, de las tantas que quedan por conocer.



































Scottie, donde quieras que estés, y Delibes me perdone, eres el mejor escritor de todos los tiempos, y si profundizamos más, eres el escritor que mejor ha expresado los sentimientos del hombre en el amor. Como decía Pérez Reverte, hablas de temas banales, pero qué jodidamente bien lo haces. 









